jueves, 24 de agosto de 2023

Abajo los impuestos (Williams Caballero?)



En Venezuela no necesitamos que sigan proliferando restricciones y pasos burocráticos para constituir una nueva empresa, por el contrario lo que necesitamos es crear vías rápidas para la construcción y legalización de nuevos emprendimientos.

Es incongruente que estemos tan necesitados de inversión y en vez de ayudar a que vengan inversionistas, el Estado se encargue de crear tasas o impuestos que perjudican la constitución de nuevas fuentes de empleo y nuevos instrumentos de inversión para la economía nacional.

Crear una empresa debe ser algo sencillo, rápido y efectivo, pues para Venezuela lo más esencial es crear fuentes de riquezas y de empleo, para así lograr estabilizar la maltrecha economía actual del país.

Los canales burocráticos para la construcción o creación de una empresa se suma a las arremetidas fiscales que el Estado organiza contra los comercios e industrias ya establecidas.

La creación de tributos nuevos no mejoran la economía venezolana, por el contrario la perjudican; debido a que esa política fiscalista lo que hace es ahuyentar el capital, asustar a los inversionistas y, peor aún, incentivar la evasión.

Las grandes economías europeas, que viven del fisco, no generan gravámenes tan elevados y tan severos como lo que existen actualmente en Venezuela; no crean esas restricciones que asfixian a sus economías.

Soy firme defensor de una política de hacienda nacional ajustada a la realidad del país, que represente beneficios para el Estado sin el ahogamiento de la economía nacional y que le permita a los comerciantes, emprendedores, empresarios e inversionistas apostar en Venezuela.

Es cierto que la nación debe dejar de vivir del Estado – como ha ocurrido en Venezuela por décadas –; sin embargo tampoco existe prosperidad es una sociedad donde cada iniciativa sea aplastada por el peso de los tributos.

Aquí el Estado debe entender que su meta no es arruinar a los generadores de riqueza, y éstos deben recordar siempre su compromiso con la nación que le permite desarrollarse económicamente.

La economía venezolana se salvará el día que empecemos a crecer juntos, en vez de concebirla como una guerra fratricida de todos contra todos.

¡Se tenía que decir y se dijo!

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