Sintaxis Política
Venezuela está sumergida en un océano de dudas y miedos.
Las declaraciones de los actores políticos en pugna empeoran día a día la tensa situación que se palpa en el ánimo de la población.
¿Qué pasará el 10? Esa es la pregunta más común entre comensales, tertulios de panaderías y analistas de bancos de plaza pública. Y ni hablar entre los pitonisos de los grupos de Whatsaap.
Los llamados de la calle por un lado, y las demostraciones de fuerza policial y militar por el otro, hacen un cóctel de nerviosismo para muchos ciudadanos que ven con preocupación lo que pudiera pasar en unos días.
Mientras la retórica pública sube el tono, mientras los discursos vienen cargados de mensajes encubiertos e insinuaciones que son dejadas a la interpretación de cada quien, todo eso va construyendo un clima de desasosiego.
Ese ambiente de ansiedad colectiva, de miedos ante lo que pudiera ocurrir va abriéndose paso y afianzándose en la medida que los primeros pininos del 2025 van acercando al país al 10 de Enero.
Ahora, el llamado es la sensatez.
Como periodista quisiera pedirle a los colegas que tengan más cuidado en la redacción y difusión de sus reportajes u opiniones, pues estos pudieran ser parte de la elevación de la zozobra entre los venezolanos.
Informar es totalmente necesario y el analizar es vital.
Sin embargo, no podemos caer en las profundidades lodosas y oscuras de la especulación o de la reflexión basada en el sensacionalismo como forma de ganar audiencias o like.
Los venezolanos hemos vivido muchos años bajo la incertidumbre de lo que pudiera pasar en un país convulsionado por los enfrentamientos políticos permanentes, por marchas y contramarchas, por amenazas y contra amenazas.
Venezuela es un campo de batalla donde pareciera que no hay cuartel; sin embargo es el ciudadano común el que paga los platos rotos.
Es el venezolano de a pie el que tiene que soportar las consecuencias sociales, económicas y hasta de salud mental de una pelea política constante.
Debemos pasar de la incertidumbre a la certeza; del caos al orden; de la pelea destructiva a la paz constructiva; debemos pasar del absurdo de la confrontación fratricida a la unión real de todos.
Así de simple.
